La milenaria cultura china fue el eje conductor de toda la gala, que arrancó con una exhibición pirotécnica. Los fuegos artificiales, proyectados desde la cubierta del estadio nacional, tiñeron el cielo de la capital china con los colores que componen los anillos del logotipo olímpico. Acto seguido, el rojo se adueñó del interior de El Nido de Pájaro. Un numeroso ejército de tambores, acompasado por un estruendoso coro de voces, inundaron todos los rincones del estadio.