China es un país que parece destinado a ejercer una profunda fascinación para los occidentales. Una fascinación que refleja no sólo sus particularidades, sino nuestros propios anhelos y esperanzas. A pesar del aumento espectacular de las comunicaciones, de la multiplicación de los intercambios artísticos y culturales, y de las relaciones entre las gentes que están convirtiendo nuestro planeta en una verdadera "aldea global", el nombre de China parece seguir asociado todavía hoy a epitetos como "maravillosa", "misteriosa", "profunda". Adjetivos todos que reflejan la profunda incomprensión que sigue separando paises y continentes.