Los murales de barrio refuerzan la identidad de la gente, no son la panacea para frenar la decadencia de los barrios llenos de chicos abandonados por el Estado, la escuela y la familia, pero son una buena salida a la frustración y la rabia, construyen autoestima y al realizarlos enseñan habilidades y generamos respeto y motivación. El arte público facilita la comunicación entre individuos, pueblos y culturas.