"Acá la ayuda nunca llega", se resigna Juanita, una mujer delgada que malvive en una casa precaria de madera al lado de una laguna cubierta de pajonales y basura en Villa Itatí, un barrio de chabolas del sur del Gran Buenos Aires con 50.000 habitantes. Su casa está inundada por el olor del vertedero, donde los cartoneros acumulan lo que recolectan, pero cuando llueve también se llena del agua de la laguna. A pocos metros, un vecino cría cerdos, que se alimentan de los desperdicios.